Caminaba bien erguido aquel galante,
por la hierba perfumada en la pradera,
oleaje de bravura bajo su piel azabache,
por derecho soberano de su tierra.
Saludaba al despertar al rey Lorenzo,
y respiraba la frescura en la mañana
refrescaba el paladar en riachuelos,
y con lozana juventud blandió sus astas
preservando con bravura a su fiel séquito.
por derecho soberano de su tierra.
Saludaba al despertar al rey Lorenzo,
y respiraba la frescura en la mañana
refrescaba el paladar en riachuelos,
y con lozana juventud blandió sus astas
preservando con bravura a su fiel séquito.
Mañana que, de infortunio,
despuntaba por el este,
aquel sofoco del aire que falta,
que ensombrece sus costados,
que en su hocico es polvo hiriente.
Resonó pues la corneta
que abrió paso a aquel galante
sordos gritos, masa inquieta
de almas ciegas de barbarie,
sordos gritos, masa inquieta
de almas ciegas de barbarie,
resbalándole en la arena
en el sudor que se hizo sangre.
J.Á. López-Cañete
J.Á. López-Cañete
No hay comentarios:
Publicar un comentario