Tu iris de café
Hoy tomaré, como siempre,
un café, sin azúcar,
y para ti pediré un té...
Un te adoro
por mirarme así
cuando en mí posas
tus iris de café dorado,
por intuir el porqué
de los brindis de dulce silencio
sin atención de ti a mí,
de mí a ti,
que ahora regalas
a la fuente marmólea de esta plaza,
de la que mana
agua límpida y arrulladora
como las lágrimas
que ya no se derraman
sino de júbilo y paz;
el leve izar, que me es irresistible,
de la linda comisura
de tu boca
en tu sonrisa zurda,
que se la regalas
a los niños que juegan
reblandeciendo sus mocasines de estreno
al correr sobre los adoquines,
que reblandece igual
la vorágine que en mí
llevo natural.
Un te quiero
que tu cuerpo
al mío le envía
con el aroma
agridulce, embriagador,
de tu piel,
tersa como sábanas tibias,
viñedo dador de dulce vino,
desde cada recodo
descubierto sin tejido,
Un te amo
J.Á. López-Cañete
Hoy tomaré, como siempre,
un café, sin azúcar,
y para ti pediré un té...
Un te adoro
por mirarme así
cuando en mí posas
tus iris de café dorado,
por intuir el porqué
de los brindis de dulce silencio
sin atención de ti a mí,
de mí a ti,
que ahora regalas
a la fuente marmólea de esta plaza,
de la que mana
agua límpida y arrulladora
como las lágrimas
que ya no se derraman
sino de júbilo y paz;
el leve izar, que me es irresistible,
de la linda comisura
de tu boca
en tu sonrisa zurda,
que se la regalas
a los niños que juegan
reblandeciendo sus mocasines de estreno
al correr sobre los adoquines,
que reblandece igual
la vorágine que en mí
llevo natural.
Un te quiero
que tu cuerpo
al mío le envía
con el aroma
agridulce, embriagador,
de tu piel,
tersa como sábanas tibias,
viñedo dador de dulce vino,
desde cada recodo
descubierto sin tejido,
de lo que bajo la seda se insinúa,
mecido por la sensualidad
mecido por la sensualidad
de tu respiración tranquila.
Un te amo
porque aun al no encontrarse
tus destellos dorados
puestos en mis pupilas,
el a veces trémulo
sonar de mi alma
goza calmo
cuando observamos
uno al lado del otro
a las palomas
alzarse en vuelo
sin preguntas
que esbozar entre los labios,
acariciándonos
con nuestra compañía mutua,
con los latidos
de nuestro corazón acompasado.
con los latidos
de nuestro corazón acompasado.
J.Á. López-Cañete
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