26.10.12

II

Descubría en mi ventana
al sereno pensador,
que no buscaba respuesta:
ni la pregunta encontró.

¿Dónde hallar aquella mano
que al asirla con ternura
y al sentir su piel desnuda
se alcanza de paz remanso?

¿Qué fue de aquel sentimiento
que tanto gozaba a solas,
recordando un bello rostro de mujer,
ahora incierto,
desmembrándose su imagen
como espuma de las olas?

Sol verdugo, tierra yerma,
tanta sed trajo al sediento.
Secó brote, mató hierba,
olvidó amor, a la antorcha robó el fuego.

                                                              J.Á. López-Cañete 

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